martes, 17 de noviembre de 2015

NO ENTIENDO - PROSA






No entiendo la razón del desvarío, ni la queja ausente del destierro.
Invento mariposas ondulantes, al paso de mi tristeza y desaliento.
No intento redimir mis desaciertos, ni siquiera disculpar tantos
errores. Es la vida que invita sin manuales, al trajinar obligado de
los tiempos.
Soy arena que se quema en soledades, viento que se pierde en la
cornisa, huracán que no arrecia y ya calmado, espera el momento
de la huida.
Herencias no quedan en la noche,ni estirpes, mucho menos abolengos...
Se cuelan simplemente los momentos, que algunos no ven, ni reconocen.
Me pierdo en el infinito de mis duelos, en cada amanecer de soledades,
me quedo en el fondo del espejo, y sueño con un día sin memoria.


viernes, 29 de mayo de 2015

EL PERIODISTA, EL ESCRITOR


EL PERIODISTA, EL ESCRITOR
Mi padre: Alberto Manrique Focaccio

Lo sentí cerca, muy cerca siempre.

De sus arrojos y fantasías
nacieron voces que deliraban
en epitafios de gran valía .

Cada palabra que él escribía
fueron valores incalculables
y paradigmas de sus entrañas
que sin esfuerzo siempre paría.

Era mi padre, el periodista, el escritor,
la pluma viva.
¡Por Dios, que bien lo hacía!

En su oficina de árbol frondoso,
y en compañía de su teclado,
se acomodaba muy diligente
sobre su silla de TRES PATAS…

Sin ser loco, lo parecía, pues
no existían las medias tintas
ni las prebendas en su lenguaje;
hablaba claro y así escribía,
pues su entereza no se vendía.

De su cabeza salían en fila
ideas nuevas que compartía; sin
los apuntes de referencia, ni los
archivos, ni las carpetas;
pues la certeza de los sucesos
y su mente tan prodigiosa,
creaban sin ningún esfuerzo
sus épicas cuartillas.

Era mi padre, el escritor, un
hombre bueno de corazón.
“El periodista muere mil veces” y
Mil veces lo demostró.

Te amo papá.

miércoles, 27 de mayo de 2015

PEREGRINOS DEL MUNDO

Cuenta tus pasos peregrino,
¡Cuéntalos!
Detén el alma en la calzada
e inventalos.
Apresura tu marcha, que el día
ya fenece, has que tus pasos
sean presurosos, en el silencio.

Cuenta tus pasos peregrino
¡Cuéntalos!
Fíjate en el horizonte que te invita
a dejar versos en el cielo,
creados bajo la magia hechizante
de la luna.

Sométete al candor de leve brisa,
bajo los ojos que escudriñan
tus pisadas, deja que vuelen en bandadas
tus instintos de amor, entre cornisas.

Cuenta tus pasos, vamos, no dejes
que el cansancio te domine,
no limites la marcha que te espera,
abraza tus sueños y utopías,
y róbate del mundo el último suspiro.

Lila Manrique
Sep/22 de 2008

YA NO SOÑABA


¿Quieres bailar conmigo?
Me dijo aquel hombre acercándose a mi mesa.
Voltee levemente la cabeza, y me estremecí.
¡Que bello rostro poseía, varonil, ausente!

Me ofreció su mano,
aprisionó al descuido mi cintura…
Su pecho se poso en mi corpiño
y juntos nos perdimos en el ritmo.

Mis pasos algo torpes respondían a su destreza;
agitándose mi pecho ensordecía mis sentidos…
Y aquel hombre me atraía, deshojaba mis intentos.
¡Que sensual, cuanta hombría!
Sus brazos rodeándome completa, y yo…
Etérea.

Un tango suave, sensual, íntimo, se deslizaba
entre nosotros, los movimientos se hacían
cadenciosos y el lugar desaparecía, ante mis ojos.
Me sentía especial, coqueta.

El humo le daba un aire misterioso a mi pareja,
sus ojos se clavaban incitantes, codiciosos,
enloqueciendo mi flaqueza.
El aire comenzaba a ser escaso, y yo, desmayaba
entre sus brazos.
Cerré mis ojos, y al abrirlos nuevamente,
me encontré en la soledad eterna de mi alcoba.
Ya no soñaba.

¡Se terminó mi sueño!

ESCONDIDA

TITULO:El escondite
TÉCNICA:Óleo sobre lienzo
PINTOR:Edgar Mendoza Mancillas


No sé dónde abandonar mis nostalgias,
que se aferran infames a mi carne.
Que me estremecen y cortan la respiración.
Tal vez sea inminente, escoger un escondite,
un lugar donde solo la lechuza me vea,
y que con sus ojos grandes ilumine mis horas.
Un lugar donde las tinieblas sean benignas
y que el temporal amaine con premura.

Me esconderé, pero llevaré en mi viaje,
la jaula donde permanece mi alma...
Y sigilosamente, cuando llegue al lugar
indicado, abriré las puertas, y apretaré
mis manos en señal de alianza.
Una alianza con la vida, con la naturaleza,
con la esperanza embriagadora
que diluye las penas sin sentirlo.
Y allí purificaré mi alma…
De modo que cuando llegue a ti,
pueda abrazarte sin temer, sin ocultar,
y sabiendo que podré amarte.
Debo encontrar un escondite,
y ausentarme un poco…

DESPERTAR DESDE LAS CENIZAS


     

Se filtra el silencio entre las lúgubres noches de mi alma,
y del concierto de voces que me animan, y me abrazan,
solamente queda el eco de tu voz vacía. Una voz inerte 
y cadavérica, que hurta la conciencia de los noctámbulos, 
de los viejos pies que cansados se apean de sus sueños. 
De las madreselvas que se nutren de tus huesos. 


Yo, me quedo mirando a lontananza, comprendo que tus 
besos son siniestros, que tus manos no tejen mis sentidos; 
tus manos rasgan con rabia mi corpiño. 
Se adueñan del deseo de mis ojos, de la ferviente admiración 
que te profeso, y del tibio anochecer de mi piel que se nutre 
de tu cercanía, del desdén de tus flirteos, del embate mentiroso 
de tus deseos, del tibio despertar de mis cenizas. 


Reniego de todos nuestros momentos, del placer que me condena, 
del credo que hace que sea un alma en pena, de la mentira 
de tus labios. Me pliego en vertiginosa caída al sufrimiento, 
pero me hago fuerte, adoquinando mi alma para no verte. 


Para extirparte de mis sentimientos, para abortar el cariño 
que se muere por dentro. Para cercenar uno a uno todos tus 
besos, borrar de mi vida el alquitrán que hierve y me quema 
por dentro. 


Y despertar, desde las cenizas, que me 
están consumiendo

DISTANCIA




No encuentro la distancia en mi dolencia,
mi aliento se arrebata en franco duelo,
se enredan  sin remedio en terciopelo
los llantos que confunden la  impotencia.

No quiero profanar con mi imprudencia
la paz que se alborota entre tu pelo,
intuyo del fragor de tu desvelo
la pena que te lleva a la demencia,

¡Ay! ¿Por qué martirizas mi postura
es que no te lastima mi tristeza,
y  gozas de mi actual melancolía?

Quisiera yo enmendar esta agonía
y lucir sin asomos de flaqueza
los roces del  dolor,  ya sin factura.